jueves, 29 de mayo de 2008

Tercer Poema Inglés (en español)




III

Un velador sostiene el alba fresca, sobrevivo la noche bajo un sol eléctrico.
La noche, como sueños, es siempre inédita. Sabe desterrar la vida con sus juegos satánicos. Lo divino y lo terrible conviven en la oscuridad.

Yo me alejo de vos, viéndote alejar.
Después te busco, pero el día te renueva la otredad.
Me alejo entonces, tratando de ser yo el que se aleja, pero vuelvo la mirada.
Llega la noche. Está el velador y yo. Hoy no viniste pero te traigo: sos mis palabras.
Ya nunca te irás.
Leo un libro y creo que me hace falta algo. Escribo.
Con la luz de un sol real me despierto y recupero la eterna desilusión:
Siempre he despertado sólo.

Entonces miro el reloj y recupero cierto aliento. Las horas no me importan. Yo existo al menos para mí.
Oigo que alguien habla de fusión. Me acuerdo de quererme.
Tomo papel y lápiz y construyo mi laberinto.
Mi arte es mi ser, mi arma, mi esencia. Quien quiera mirarme a los ojos ha de entornarlos a mis páginas, torpes, pero precisas.
Y ahí entonces es cuando la recuerdo, no como obsesión sino como compañera.

Muy a mi pesar, pero maduro, comprendo que la quiero.

jueves, 1 de mayo de 2008

Ocaso

Como si fuese poco el tiempo, además hay que vivir.
Resulta que Alejandro, dado a sus desventuras mentales, decidió hablar de sí mismo en tercera persona: "tal vez no se entienda si es un cuento, una confesión o una bipolaridad, este modo de cantar".
Pero una vez escrita la primera frase descubrió que terciarizar es un termino cuasi económico, y se sintió frívolo, empresario y marketinero...
"Vos sos un tipo raro", le hubiera encantado que alguien le dijera... pero ni a tal punto de excentricidad llegaba su desmesura particular.
"Ni extraño, ni normal, soy apenas un seudónimo", arriesgo en una vigilia de día martes. Pues los martes tenían eso, sin importar lo que pasara durante el día, la vigilia sería reveladora.
Y así, un poco tirando la idea de los pelos, se dio Alejandro a la aventura de inventar un cuento que, sin ser cuento en realidad, no fuera nada y aun menos confesara... sólo así, sin sentido, encontraría encauzar su desvelo de día feriado.

miércoles, 16 de abril de 2008

El rio


Y para acá o allá,
Y desde allí otra vez,
Y vuelta y vuelta,
Surge soberana
La tierra de mi piel,
La vacua y vana
Y terca soledad que envuelta
En gana,
sobrevive a nuestra miel
De enferma y sana
Relación de pura sien
Pero con ansia
de terror, de olvido
Y de jactancia,
En donde todo es vuelta y vuelta
Soberana,
Sobre la sombra inmóvil de mi cama
Que guarda poesía
envuelta y larga
arriba mío o tuyo aquella sabia
de tronco de nogal, madera amarga,
que emana para mí la suave magia
De quererte entre mi letra y mi arrogancia.

Pues esta confusión muestra dos bandas:
La intelectual, muy fiel a mí, que no me cansa
Y me reprocha el hablar sin la elegancia
esperada en cierta casa o cierta estancia.
Es el hablar sin el sentir, a voz que, mansa,
Se repliega en el saber dando distancia.
Y pregunto, ¿es expresión o es ejercicio?,
El jugar con las palabras y los ritmos,
El mostrar en poesía cierto vicio,
Y contar lo que se cuenta en simetría,
O mostrar el sano juicio o artificio
De inventar con el lenguaje la alegría.
Ya una vez entrado en vasto mundo
La cuestión se retuerce por completo,
Y se forma un debate vagabundo,
Y adscribir a una escuela es el decreto.
Y se vuelve ahora hábito y usanza
-siendo patria de extremistas y de huecos-
Defender a una postura a ultranza.
Verso libre (o prosa), dado sin nostalgia,
o rima veterana, en danza
de métricas y normas varias
de sonetos, tradición, y no vanguardia;
de Quevedo, de Machado o Garcilaso
de aquel Borges, de Manrique, o de Unamuno;
de academia, de respeto, de cuadrado;
y de aquellos que fundaron el futuro.
O tal vez alternativas y anarquía,
O tal vez la nunca rima y siempre arritmia,
Poesía del fluir de las ideas
Y del fruto de la mente y la belleza.
Con palabras en formas y en maneras
Que a la vista se mostrara la destreza;
Fue Juanele, lo fue Whitman, o Neruda
fue Bukoswki, lo son varios, fue Girondo.
Y destaco en Oliverio lo profundo
donde el barro sublevado se resigna
a entender el verso libre en forma digna;
y a sentir que algo hay en ese mundo.
Pues “se miran, se presienten”, o “destino”,
dan la nota, dan también la forma insignia,
y rebajan a la crítica al mal tino,
Y una vuelta que se vuelve, me retuerce,
Se repite, se acomete, se envejece,
Se interpone, se rebaja, se amotina,
Se recuerda, se refleja, desvanece,
Y se encuentra, se refuerza y se aglutina.
Y se explota, se extermina, y amanece.

Nada es dicho,
Si la emoción se inventa.
Todo es forma,
todo es plagio o es mentira;
Y el que fue que me inventó,
lo soy de vuelta,
Hoy soy dado a lo que dan las poesías.

miércoles, 9 de abril de 2008

De Girondo

Hoy descubrí a Girondo, y me apena confesarlo, que a veintidós años de vida recién descubro a Oliverio.
Fue por casualidad, o por afán de curioso, pero leyendo en reseña biográfica leí también un poema, “Destino”.
Y entonces recordé “Se miran, se presienten”, y entonces descubrí que habiendo estado allí, siempre cerca, yo nunca antes había reparado en él.
También leí sobre cierta enemistad con Borges, que no me interesa corresponder con opiniones.
Tuve la dicha, esta tarde, de descubrir a Girondo y, como cuando se descubre un amor –que parece ser el único aunque no vaya a serlo-, festejé en mi intimidad.


DESTINO

Y para acá o allá
y desde aquí otra vez
y vuelta a ir de vuelta y sin aliento
y del principio o término del precipicio íntimo
hasta el extremo o medio o resurrecto resto de éste a aquello o de lo opuesto
y rueda que te roe hasta el encuentro
y aquí tampoco está
y desde arriba abajo y desde abajo arriba ávido asqueado
por vivir entre huesos
o del perpetuo estéril desencuentro
a lo demás
de más
o al recomienzo espeso de cerdos contratiempos y destiempos
cuando no al burdo sino de algún complejo herniado en pleno vuelo
cálido o helado
y vuelta y vuelta
a tanta terca tuerca
para entregarse entero o de tres cuartos
harto ya de mitades
y de cuartos
al entrevero exhausto de los lechos deshechos
o darse noche y día sin descanso contra todos los nervios del misterio
del más allá
de acá
mientras se rota quedo ante el fugaz aspecto sempiterno de lo aparente o lo supuesto
y vuelta y vuelta hundido hasta el pescuezo
con todos los sentidos sin sentido
en el sofocatedio
con uñas y con piensos y pellejo
y porque sí nomás

Oliverio Girondo

martes, 1 de abril de 2008

Vida y obra de la intolerancia

Al fin, la violencia que faltaba. La sombra de un nuevo dictador sobre la patria, ahora que cualquier sombra o cualquier dictador sobra a la patria.
Un bombo o un platillo, la vida de los estruendos, los golpes y el chantaje.
Hoy me siento responsable de algo que no hice. Vi en las páginas de diarios a personas desbocadas, salidas de su condición de humanos, repartiendo trompadas en una plaza pública. Vi también un escenario lleno de gente partidaria de un solo lado. Después escuché, cuando cesaban los bombos, que una señora –ofendida con su condición de señora- pronunciaba a voz de discurso palabrerío infundado que tenía como objeto hacer entender fascismo donde hay una protesta social. El descrédito a una manifestación por el hecho de estar conformada por gente disconforme con el bloque que dicha señora precede, o dice preceder.
A la mierda, para qué hablar en general, si mi confusión patriótica tiene nombres propios, tiene pieles, texturas, citas, blasfemias… infamias.
Después de decir “de qué se quejan, si andan en 4x4” (ni hablar de cómo andará Moyano, que también solía quejarse), discurre el término “derechos humanos”. Mientras tanto desde atrás alguien la alienta, alguien que poco derecho tiene a llamarse a sí mismo “ser humano”, o quizás más derecho que cualquiera… quién va a negar que humano es aquel que, sin pensar, levanta el puño y empieza a trompear a quien piense distinto. La violencia que faltaba, la natural forma de ser hombre… el sucedáneo al nacimiento en pesebres de bronca. Una notica para el guerrero masivo, la violencia es inseguridad disfrazada de potencia, es la falta de ideas encarnada en los nudillos, es –en síntesis- el símbolo de una idiosincrasia que ya debiera haberse extinguido.
Caótico paisaje, me confundo al escribirlo, y cuando intento corregirlo veo que no tiene sentido dar claridad, nada tiene sentido. Y entonces me pregunto si un asesino es capaz de ofenderse porque alguien le grite “hijo de puta”. Creo que más derecho a ofenderse tendría el hijo de María Magdalena.
Bienvenidos a Argentina, país donde se discrimina, donde hay gente que dice que tiene un odio “visceral” contra los “blancos de recoleta”. Bienvenidos a un país donde quien dice eso, cree estar siendo discriminado por simio, pero nunca discriminador. Ser racista es ser racista. Es discriminar entre razas o rasgos. Es ver diferencias donde no las hay. Es poner a uno sobre otro o a otro sobre uno sin ninguna razón. Es olvidar que si humanos somos todos, las estéticas quedarán para el negocio de la moda pero no para legitimar un reclamo y deslegitimar otro. Ser racista, en última instancia, es creer que una plaza pública, “la plaza del pueblo” es para los peronistas pero no para los “gorilas”. No sé donde se escondieron esas semillas nacis que llegaron a Argentina luego de la segunda guerra mundial, no sé donde se escondieron, pero si mal no recuerdo estudié que alguien llamado Perón, tenía simpatía por alguien llamado Hitler y que una vez caído el segundo sus secuaces se escondieron en el país del primero. Ahí habrán sembrado la semilla, ahí habrán dejado un ala naci en las bases del peronismo que no todo peronista tiene pero sí tiene D´Elia. Si es por él, mata a todos esos “blancos” que seguramente –en la cabeza del violento- deben estar dispuestos a matarlo a él. Pues bien, señor de puños, Dios quiera no termine tiñéndose el pelo, viviendo en Recoleta y yendo los domingos a la chacra. Dios no lo permita, pero cuidado que tal vez tampoco después de muerto Dios lo permita… dicen que el paraíso suele ser bastante duro en las admisiones.
En un país donde todo es siempre uno de dos vale la pena intentar un decimal, en una territorio de extremos yo he de recordar que algo existe entre los polos… la vida pasa entre el extremo del nacer y el opuesto del morir. En un país donde se es puto o se es homofóbico yo intento no serlo tanto, ninguna de las dos… conciliemos un sueño moderno, llamémonos tolerantes y –sólo para variar- seámoslo un poco también.

lunes, 24 de marzo de 2008

Versos de José Larralde

Venido de campo abierto, escucha de la palabra "pago", refiero mis alabanzas a memorias dichas en verso, de perros que al silbido se vuelven perros arrieros; y olvidando a mi Atahualpa, recupero una guitarra de otro que, a canto de auroras y puteadas, me estremece la sangre y dan ganas de algún mate. Hombre de campo y macho, gaucho, o señor de a caballo: José Larralde, te agradezco las canciones.

Adonde te irás milonga

Adonde te iras milonga
cuando se acabe la esquila
un poco al norte talvez
cuando sea tiempo trilla
buscando que te conchaben
cantora de las semillas
o te quedes en las chacras
con las guitarras peón golondrina.

Puede que con un arreo
te vayas con el silbido
de los que duermen a campo
dónde nunca hubo camino
puede que al abrir los ojos
se te llenen de infinito
y sea canto de aurora
madrugadora ave sin nido.

Que sola te quedarás
después de la señalada
cuando se apague el fogón
y la voz de las guitarras
tendrás que saber quien es
el que con gusto te canta
para que no andes llorando
lejos del pago guacha de pampa.

Adonde te iras milonga
tras el rastro del destino
no me dejes sin el canto
solito con los olvidos
no me abandones amiga
quedaté yo te lo pido
porque he de saber quererte
quiero tenerte aquí conmigo.

Adonde te iras milonga
cuando lleguen los olvidos.

lunes, 10 de marzo de 2008

Qué es la poesía

Si la poesía es expresión
"liviana, alada y sagrada",
Pues la poesía es pasión
por esa cosa expresada.

Mas si olvidamos al griego,
y vemos a los versistas
Verán que yo no me entrego
al habla de los prosistas.

Una mujer vuelta cuervo
de negro plumaje y canto
que dice que "never more"
habrá de tener su encanto.

O un juego gramatical,
la suma de los vocablos,
un himno sentimental
con métrica y diccionario

Falso deber de bohemia,
varios dogmas provisorios,
lecturas de la academia,
todo o nada obligatorio.

Una forma de la música,
un ritmo que se aparece,
la cita ya casi mítica:
"florece porque florece".

O una experiencia estética,
o -en dicusión- verso libre;
o la belleza patética
urdida por los sensible.

lunes, 25 de febrero de 2008

Salvando las distancias, un recuerdo futbolero.


Si mal no recuerdo fue un partido contra Lanús, no soy bueno para los resultados pero si me acuerdo de esta anécdota ha de ser porque ganamos; siempre que Boca pierde yo me olvido del partido, hay una especie de magia exitista con mi memoria.
Había ido a la cancha con un amigo chileno que quería conocer la mítica Bombonera y yo siempre ando en plan de anfitrión con los extranjeros, me gusta mostrar que pasé toda mi vida entre lo que ellos tenían tantas ganas de conocer.
El partido estuvo bien, era comienzo de campeonato y había alegría en el aire además de otras sustancias. Se cantó mucho ese partido, el chileno estaba encantado. Claro, allá no se vive de la misma manera, hay como mucha mesura a la hora de gritar.
Pobre el chileno, estaba callado al lado mío mirando como alentábamos y en eso, andá a saber por qué, en un ataque de Lanus, sin riesgo porque estaba liquidado el partido, saltó uno de atrás nuestro y se puso como loco a insultar a un jugador del otro equipo que vaya a saber uno quién era. El tema es que no lo agredía a la ligera, no. “Chileno hijo de puta” le decía, “chileno cagón” continuaba. Un propendo de insultos magistral pero siempre precedido de “chileno”; ni cerca de ser chileno estaba el jugador encima.
Vaya uno a saber de donde salió eso, en la popular hay cada cosa también, y mi amigo, pobre, se reía nomás, como si le causara gracia que ser chileno era -para ese hincha- un insulto en sí.
Pero no era eso lo que me estaba acordando, sino de un viejito que estaba al lado nuestro vestido con un piloto negro que parecía ser parte de su piel ya. Callado el viejo, miraba el partido mientras tenía su radio sin auriculares pegada al oído. Cada tanto nos hablaba, como si fuéramos antiguos conocidos, nos decía “a este tres hay que matarlo”, y al rato agregaba “fenómeno el tres como levantó eh, me hace acordar a Marzolini”. Andá a saber cuántos equipos habrá visto el hombre.
Esa tarde con Lanús el que estaba intratable era Palacio, de acá para allá se corría todo; buscaba pases imposibles y los recuperaba. Estábamos todos encantados, el chileno cada dos minutos me decía “como corre ese cabro”, para qué, una fiesta de elogios. Y yo esperaba el comentario del viejito, porque uno nunca sabe con que se va a encontrar, ¿no? Y llegó el comentario, me miró después de una jugada bárbara que no terminó en gol y me dijo “Cómo se extraña al murciélago, ¿no? Graciani lo hacía seguro. Aunque este pibe, Palacio, es bueno eh. Lindas diagonales tira, habrá aprendido del Alfil.”
Y yo mucho no me acordaba sinceramente, entre que soy joven y que estaba metido en el partido no entendí de quien hablaba y le pregunté nomás. Para qué, un discurso me dio el viejo: “El alfil Graciani, alfil por las diagonales que tiraba. Campeón de la Supercopa 89, de la Recopa 90, 81 goles tiene en Boquita. Graciani, que fenómeno, podés creer, 250 partidos con la azul y oro, nene.”

Yo me sentía ignorante y un poco avergonzado. Quería zafarla de algún modo, quedar bien con uno esos hinchas históricos, que tienen más partidos vistos que las gradas mismas. “Pero Palacio también es bueno, ¿o no?”, le dije a ver que salía. “¿Palacio? Un crack el pibe, poco más de cien partidos y supera los cuarenta goles, ¿de qué me hablás? Viste como corre, busca todas. ¿Y las diagonales que tira?, otra que Graciani. Graciani, que fenómeno el alfil, 81 goles nos dio, podes creerlo”. No se acordaba lo que decía el viejo, sólo sabía de jugadores, de campeonatos, de goles, de partidos. Pero bueno, que otra cosa importaba, estábamos en la cancha y aproveché la amnesia del anciano para quedar bien viste, “el alfil por las diagonales que tiraba, ¿no?” le dije. Después nos interrumpió un gol, es que pasan tantas cosas en la tribuna, cuando quise darme cuenta, estaba el chileno amigo mío festejando el gol abrazado al que puteaba a los chilenos.
Cosas del fútbol. Yo volví a casa y me puse a ver videos que tenía por ahí, la verdad que un fenómeno el alfil, tenía razón el viejo nomás, tenía razón.

lunes, 18 de febrero de 2008

Cerveza acaso?

Siento una opresión en la cabeza, algo que me aprieta ambos lados del cráneo desde arriba de las orejas hacia adentro, coartando mi descanso mental. Es como si una causa pendiente estuviera rebotando en el centro mismo de mi cerebro.
Sé que no es nada, que es más bien una sensación fabricada por mi intelecto y hasta, quizá, una metáfora de lo que me pasa afuera de la cabeza. ¿Acaso algo pasa afuera de la cabeza?
Hoy escribo para purgar, para expulsar de mi cuerpo una sangre espesa que me está aletargando la vida.
Creerse en la obligación de ser inteligente es insostenible, a veces desearía que alguien me quisiera por mis estupideces, por lo más bajo y simple de mi persona, por la infancia rebosante que habita en mi cabeza. Pero dicho sentimiento lo escribo, en vez de tomar un lápiz de color y dibujar, o de jugar un solitario, o de correr una carrera… yo todo lo escribo y me condeno a lo racional, a la forma de vida más compleja e insoportable. Quiero ser libre de mi mente y no puedo, todo lo que tengo son ideas que me despojan de mi idea de dejar todo de lado.
He de pelear por mi libertad, he de hacerlo.
Pero hasta hoy todo fue siempre igual a lo que será mañana, no obstante espero que este fugaz encuentro con mi intención minimalista no se marchite sin dejar, al menos, una inquietud sin trastornos. Busco una duda que me anime a buscar su respuesta, y no una que me destine a la disconformidad desde el principio. La esperanza de encontrar una respuesta, que viaje junto a su posibilidad.

viernes, 8 de febrero de 2008

Himno a la alegría

Yo soy un chico de calle,
con ambiciones de pueblo.
que encuentro mis ganas nuevas
en cada escritor que leo.
Abierto y desengañado
voy pronto a la novedad,
mi sensibilidad es tal
que me conmuevo a mi mismo.
¡Pero que fácil resulta
Poder creerse genial!

sábado, 2 de febrero de 2008

Mi consuelo

Envuelto en bienvenidas silenciosas me saludo.
Yo, que partí callado, volví del mismo modo a reencontrar quién sabe qué.
Envuelto en la brisa de un verano que pensé no tener, me saludo. Bajo una bienvenida que nadie se atreve a pronunciar.
Así como soy de los que parten, así también soy de los que vuelven.

sábado, 12 de enero de 2008

Decidiose


Y un día decidiose Joaquín a conocer la biblioteca pública de New York, y fue así que terminó por fascinarse con los cientos, o acaso más, de cuartos repletos de libros, de diccionarios, de bliblias, de enciclopedias. Recordó Joaquín, entre esos pasillos, la idea del americano Tracey: “allí, en esa biblioteca pública, queda el centro del universo”.
Decidiose entonces Joaquín a concordar y se dijo “puede que sea cierto”, aunque luego se reconoció confundido por la emoción, y nuevamente decidiose –andaba de ánimos de decidirse- a abandonar dicho aleph americano ubicado en la 5ta avenida y la calle número 42.
Con ése suspiro retumbando –el que lanzó cuando hubo abandonado aquel lugar que le hubiera gustado conocer antes- llegó Joaquín a la estación de trenes de la enorme ciudad.
Cargose sobre un hombre la valija y, con torpe cuidado, recuperó el bolso menor a mano izquierda. Montó el vagón número 12 del tren llamado Amtrak y eligió asiento a su antojo, como le hubieron indicado previamente.
“Basta de darme opciones. El hombre confundido quiere órdenes”, esbozó en broma para sí y tomó asiento junto a una ventana.
Raramente enlentecida, tal vez como letargo último, la pluma de Joaquín daba reproches. Y aturdido por esa “perpetua lírica infinitesimal”, decidiose el señorito a dejar la escribidura y, acto seguido, a leer “Niebla”, de su futuro amigo o enemigo “Don Miguel de Unamuno”.

“El amor es tal cosa…”, “el amor es tal otra…”, piensa Augusto Perez mientras le quita la predestinada belleza a su paraguas al abrirlo. “Cierto es que las cosas hechas para usar son más bellas si sólo se contemplan”, coincidió Joaquín con el libro, “pero entonces –descubrió- la belleza radica en dar uso equivocado, pues incluso contemplar es usar la virtud física del objeto”.
Joaquín discutíase, sintiéndose Augusto, pero aún más confundido respecto de Eugenia. “No será que todas son Eugenia?”, deliró por un momento. Y al darse cuenta del cauce y dirección de su pensamiento mandó al olvido, con insultos incluidos, la existencia de todas las mujeres.
Justo entonces, con la gracia y la precisión que da el escribir, anunciaba la campana el arribo a la capital. Había llegado Joaquín a una tal Washington DC.

Caminaba el señorito por las calles de la ciudad decidiente* (mientras robaba de Unamuno la costumbre de inventar palabras), y observaba a los costados las magníficas geometrías de los antiguos edificios blancos. “Dónde está el paso de los años”, preguntábase el jovencito al notar que el roído en las paredes no existía. “Ah –intuyó- esto debe ser el primer mundo”, y prefirió –sin decirlo- los edificios golpeados de su Buenos Aires. “Incluso nuestro Obelisco es mejor, porque es sincero”, se esgrimió sin posibilidad de réplica, y fue entonces a comprarse un Whisky.

Habiendo empinado medio litro, diose cuenta Joaquín de que convenía disimular.
Andaba a paso trémulo por los jardines de la Casa Blanca cuando, a pocos metros, divisó un automóvil japonés –blanco también-, que tenía las puertas abiertas y la chapa con arrugas. Un oficial de policía se acercaba al vehículo y pensó entonces Joaquín “eso va a explotar”.
Un segundo después un enorme estallido se encendió desde el centro del carro y perdiose el policía en el fuego. Perdiose también la claridad del paisaje y el verde fresco del parque en derredor.
Calló Joaquín al suelo, sin rasparse el codo izquierdo, y tomándose los oídos con las manos, notó el señorito que sangraba sin pausa.
“Que descuido el de ese auto al explotar”, reprochaba Joaquín, un tanto confundido por las sirenas que lo envolvían. “Si será infortunio el sangrar de mi oídos. Más me hubiese valido derretirme con el oficial”, decía el jovencillo mientras se alejaba del desastre.
“Uno imagina que todo va explotar, pero nunca espera que suceda”, continuaba el buen muchacho en soliloquio de quejica, a la vez que viajaba en el subte y reflexionaba si el desafortunado acontecimiento había o no gozado de existencia.
Para entonces ya había sacado el mapa, acaso sin notarlo, y dicidiose a elegir nuevo destino.

“Es menester que escriba”, resolvió.Y dando marcha atrás unos pasos –capricho del instinto- salió por otra escalera del subterráneo y dirigiose a una confitería conocida.
Allí, inspirado por un chocolate caliente, decidiose a escribir con tinta todas las decisiones que ese día, fundido tal vez con ficción, habían tenido decidiente.




(Para más fotos referirse a: http://www.flickr.com/photos/8199170@N02/

*decidiente: que toma las decisiones.

lunes, 7 de enero de 2008

Volver

Atahualpa cantó que supo “ser gaucho entre la gaucheada y ser naides entre los sabios”.
Bukowski contó que los hombres de cierto pueblo odiaban y prohibían la existencia de otro hombre mucho más pueril y de ojos tremendamente brillantes, “the man with the beautiful eyes” se llama ese poema y se los recomiendo.
Luego me acordé de Wilde y de tantos de sus irónicos aforismos: “Cualquier hombre puede llegar a ser feliz con una mujer, con tal de que no la ame” pensé primero. Y después, más acorde a mi presente y sabiendo que debo confesar lo que confieso líneas abajo, recordé una frase que me aleja de la queja, “Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima”… No culpo a nadie que disfrute de mi viaje no tan frustrado pero sí abreviado. ..
Yo, que debía volver en marzo, vuelvo –y esto lo descubro hoy que lo confieso- a mediados de enero. El por qué es una respuesta a la pregunta que primero alguien debe hacerme, así que los libro de las explicaciones por el momento.

Pero cada una de esas frases, no sé por qué, vinieron a mi mientras volvía al hospedaje vía subway. La vida acá pasa bajo la tierra, sin reflejos de aire puro en los trayectos. Pasa, todo pasa y pasa, entre vagones que nacieron para pasar. Sólo algunos pensamientos y frases que se ocurren logran quedar. “El tren que pasa” escribió Calamaro, porque sabía que el tren es símbolo, o es e hecho el mismo hecho de pasar.

Y volvía yo en el tren con pesadumbre, mía y del transporte, pues el éxodo había comenzado minutos antes…
Piedad, y no es lo que pido sino un nombre, fue la primera de las personas en el barco de vuelta. Ella, se suponía, trabajaría conmigo en cierto restaurante. En cambio modificó su pasaje de regreso y hoy, 7 de enero, está a muy poco de repatriarse. No haber tenido trabajo era no tener la posibilidad económica de sustentarse. La acompañé al aeropuerto, callados. Escuchando el leve ruido que emite el subte a moverse, ella escuchándolo mucho más... con la precisión que te presta el tiempo cuando se acaba. Bajar de un tren y subir a otro para mí fue un acto más, para ella era el último de sus actos, quizás lo último que haría en su vida y tal vez su muerte misma. Cuando algo parece llegar a su fin, o realmente llega a su fin, la tragedia se consuma en cada bocanada de aire. No se manda la muerte al carajo como dijo el guerrillero asmático, partir es respirar la muerte misma, sentirla en los pulmones, hacerla viajar por el cuerpo y que se empape de sangre para luego devolverla al aire y que se la lleve algún otro. El funeral del volver dura poco pero es intenso. A él lo sigue un nacimiento o una pena mucho mayor: el llegar a otro punto.
De eso se trata la vida, de penas mayores y menores que se confunden con alegrías y que a menudo pierden su identidad, sin saber qué corresponde a qué. O acaso mi vida se trata de enunciar estupideces en tono de absolutismo o certezas. Momento sobre momento y mi cuento sigue siempre igual…
La abracé, dudo si con lástima o envidia. La miré y le dije que nos veíamos en unos días. Se fue.
Verla irse fue verme irme. Acordarme de cómo es volver me hizo querer más aun recuperar la dulce pena del volver. .. Sin frentes marchitas ni nieves de tiempo; sin soplo, ni vida, ni banda de sonido de alguna película inconclusa. Volver es el nombre que hoy es sinónimo de 9 días pero que mañana será de 8 y luego 7 y luego menos.

Entonces escuché a lo lejos, o en mis auriculares, a Larralde que preguntaba en verso “A dónde te irás milonga”. Yo me di cuenta de que ésa era mi parada de subte y dejé el tren, subí a la ciudad sin sol y, atravesando algo de Brooklyn, me interné a escribir mi vuelta.

jueves, 3 de enero de 2008

Io Sono Pescatore

Hoy, mientras iba a trabajar, noté que en la calle -a una cuadra del restaurante- había un charco de agua.
Siete horas después salí del trabajo y caminé por esa misma calle. El charco de agua era, entonces, hielo.

Pescar gente, cuando hace 15 grados bajo cero, es bastante complicado.

martes, 1 de enero de 2008

Feliz año viejo

Brindo por la luna que se dio, por la luz blanca y definida que se posó en el cielo cierta noche para recordarme que de a poco la agonía se torna disciplina. Brindo porque un astro surge cuando el alma pide, de a súplicas, una limosna impertinente.
Brindo y auguro un feliz año. Yo, que sé poco de la vida, hoy me siento a confesarme que sé poco. Y al resguardo las sonrisas, o las ganas de saber. Al resguardo ciertas noches que no sé si han de volver. Al resguardo todo junto, los lamentos y las fiestas. Ver, mirar, para adelante y esperar un buen comienzo.
Con la esperanza nueva y los bolsillos gastados deseo un feliz año al mundo y a los polos. A las energías y las mufas. A los cientos de perdidos, a los equivocados. A los que turban la vista a negro y se desloman por un llanto. A los felices infelices, que son felices por ser algo.
Al universo en general, si es que existe el universo, un abrazo fraternal, una palmada consuelo, una risa que me alivie y hasta el dos mil ocho, tierra.