lunes, 23 de febrero de 2009

El tiempo y otras menudencias...

Tengo sueño. Demasiado. Y estoy desvelado. Para colmo leo una revista, un artículo de Hugo Caligaris sobre el tiempo. Me lo recomendó mi abuela. Salió en la adn Cultura (de La nación) del sábado 21 de febrero.
No sé si es o no es un gran artículo, suelo leer bien predispuesto las cosas que me recomienda mi abuela; no me interesa juzgar. En este caso, que tengo sueño, estoy desvelado y leo, pienso que es raro el tiempo y el aburrimiento. Caligaris dice que quiere aburrirse, pero no como uno se puede aburrir al leer un artículo en una revista científica sobre el funcionamiento del sistema inmune en días de sol, no. Él se quiere aburrirse de que le sobre tanto el tiempo que no sabe qué hacer. Como cuando uno está desvelado y quiere dormir, y no puede, y ni mira el techo porque la luz está apagada, y se para y se sienta y escribe en un blog que está desvelado de sueño. (Yo en realidad estoy en el trabajo, por eso no puedo dar cauce a mi sueño, me obligo a desvelarme y leo artículos).
Decía, Caligaris quiere aburrirse como cuando era un chico. Y mi abuela, que no se aburre porque corre, se habrá sensibilizado por sus ganas de tener horas para desperdiciar, para no usar, para haber perdido. Entonces me recomendó leer el artículo, olvidando que soy militante hiperquinético del hacer. Yo hago. No me puedo aburrir porque siempre voy haciendo cosas y dejando cosas para hacer en un rato, y para después y después. Vivo una especie de agenda que se actualiza constantemente, como una página de internet, como esta misma página que cada ciertos minutos me avisa que se guardó en borrador lo que escribí. Debería existir una especie de blog que, al intentar cargar una entrada, la página va borrando cada 5 minutos lo que se escribe, recordándole al escritor que en realidad es bastante malo. No existiría obra moderna alguna, pero... la gente podría dedicar a aburrirse el tiempo que hoy gasta en leer blogs... y no sería raro que el resultado fuera el mismo...
Alberto Moravia tiene una novela llamada "El aburrimiento". Invito a la gente a leerla. Nada tiene que ver con el manejo del tiempo, pero es muy buena. Es la historia de un hombre, pintor como Moravia, que se obsesiona con una mujer y no puede terminar de entender si Cecilia (la mujer, que es una muchacha en realidad) es o no es venal. No creo que nadie se aburra leyendo la novela, más bien podría pensar: "Es como "El túnel" de Sábato, ¡pero bueno!".
En fin, aburrirse o no, esa es la cuestión. Contar o no contar los segundos. Leer o no leer, supónganse, este artículo.
No lo sé... el tiempo está hecho para que la gente relinche contra él, pero termine mirando su muñeca izquierda.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Una especie de vuelta

Después de larga ausencia, de larga y placentera ausencia, vuelvo al ruedo digital.
Estuve en Chile (no creo que a nadie le importe). Es muy lindo Chile... a veces me dan ganas de escribir sobre sus ciudades. Valparaíso, por ejemplo, ese fantástico Valpo de los poetas, esas subidas y bajadas fértiles para el encanto. Valpo, y la cara se me cubre de suspiros, de ganas de estar allá otra vez.
También estuve en otras partes, cualquier lado es increíble cuando no es propio. Por hoy solo me recibo, me bienvengo e invento palabras de recienvenido.
En fin, espero que los blogs y las calles no se llenen de San Valentín... detesto esa idolatría absurda por el amor comercial. ¡Es catorce de febrero, acordate de que amás a tu novia!...
Voy a buscar versos de Nicanor Parra sobre el tema, seguramente él se burla mejor.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Profeta de lo extraño. Acerca de la extrañeza como motor creativo

No sabría si decir que es una moda porque ya duró más de seis meses. Sin duda los primeros años del siglo XXI tuvieron como interrogante fundamental el por qué de las ideas. Todo escritor joven tuvo que responder alguna vez a la pregunta “qué te inspira”, o “por qué escribís”. Hay una búsqueda desesperada de un motor primario que opere como fuerza creadora. Un motor que puede ser muchos o no ser ninguno.
Lo que sí sabemos es que la literatura se da, y sin certezas de lograrlo, aquí arriesgo algunos motivos.
El psicoanálisis atribuye al polo pulsional la capacidad creativa, el arte para Freud o sus secuaces es una especie de resultado bastardo que aparece como daño colateral (o beneficio colateral) a un proceso del subconsciente. El hombre no crea, sublima.
Desde el lado de la filosofía, siempre obligados a creer que Nietzsche es el dueño de la verdad –la juventud es fácil de engañar-, caemos en afirmaciones que entienden al mito de Dionisio como metáfora perfecta de la fuerza vital del hombre. Claro que esta idea no termina de entenderse postulada de esta forma, pero siendo la filosofía una zona tentadorísima para charlatanes seudo intelectuales (no justamente aquellos a los que critica Bunge), se puede caer en la enunciación liviana. Con afán esclarecedor aporto que esa fuerza vital a la que se refiere Nietzsche es el impulso de vida que reafirma la existencia en tanto uno celebre la posibilidad de ser. Antes de llamarse nihilista, Nietzsche fue un ingenuo feliz, ¿o no?
Musicalmente hablando, el ritmo se sostiene en una matemática exclusiva. La forma de llegar a una pieza o a una canción depende de la musa de turno o del éxtasis que se alcance. La matemática exclusiva se desdibuja en este punto, pero sigue estando detrás de cada nota. “La musa no es una sola musa, ni es una serpiente de muchas cabezas”, canta Calamaro tratando de desmitificar el momento creador, justo antes de seguir su verso con una rima evidente conformada por la palabra cerveza.
Y así infinitas veces. Si no es moda es tendencia. No sé, en los sesentas todo texto rondaba alrededor de cuan comprometidos con la lucha política se estaba, o se escribía realmente bien un cuento que podría llamarse “La muerte y la brújula” y que nada tuviera que ver con el compromiso social.
Así se mueven la ideas, en conjunto. Y yo no puedo, por una cuestión estética casi, sentarme a escribir sobre un tema sin saber por qué llegó ese tema a mi discusión personal. Primero me pregunto por qué he de preguntarme de dónde viene la intención de escribir, de crear. Después, suponiendo que me convence la idea de que es una moda, me hago la pregunta en cuestión: qué me motiva, o qué motiva al escritor, a abrir el Microsoft Word.
Hace algunas semanas, en el ámbito de una clínica de escritura que se realizó en la Villa Ocampo, tuvo lugar una charla con la escritora Anna Kazumi Stahl. La misma tuvo como eje central el tema de la extrañeza y cómo opera ésta en la escritura. Primero habría que definir extrañeza, pero es una palabra tan transparente, tan definida en su ser y en su forma que no lo siento necesario. Apenas puedo mencionar que la extrañeza es acaso una remake del término otredad. Lo ajeno, lo que no pertenece y aún así se aprehende; motivados justamente por el hecho de no poseerlo. El segundo idioma que aprende una persona a los veinte o treinta años, el manejo del Chat para la bis abuela de una persona ya vieja, el sexo para cualquier debutante…
Stahl escribe en español, nació en Estados Unidos y allí se crió, su madre es japonesa y su padre, que ama la arquitectura japonesa, tiene antecedencia alemana. Esa es Stahl, casi una letra de tango, mezcla rara de penúltimo linyera y primer polizón en el viaje a Venus… y además entiende hablar a los porteños, y habla el castellano de Buenos Aires, pero tal vez no entienda a los españoles. Por si no fuera suficiente extrañeza, cuando le preguntan por algún escritor argentino que le haya llamado la atención no dice Borges de manera automatizada, como pareciera ser el requisito básico del intelectual extranjero que habla para un medio nacional.
Primer peligro: no confunda usted la extrañeza con lo raro. Raro es que un sapo fume en pipa y no lo contrate Marcelo Tinelli para bailar en su programa. La extrañeza en cambio se presenta con la íntima necesidad de abarcar algo ajeno. Es la mirada de quien no entiende pero sabe que en esa falta de comprensión radica casi toda potencialidad reflexiva que ese instante posee.
A esta altura me siento mal de haber escrito el nombre de Tinelli. Léase como una mancha.
Anna Kazumi Stahl utiliza el español para dar vida a personajes lejanos. En “Historia de un Yoshi” se apropia de las confesiones de un hombre (extrañeza original, como si Adán jugara a ser Eva y urdiera las mil cosas que habrá pensado antes de tentarlo con la manzana aquella). No conforme con cambiar el género, estira la edad, el hombre es un viejo en el lecho de muerte. Yendo más lejos aún, lo hace desagradable y soberbio, de una soberbia poética que se consuma en la última frase: “supe amar lo amable”. La escritora, vale aclarar, no tenía un ápice de esa antipatía.
Cual si fuera un gato, pero con más de siete vidas, Anna Kazumi abusa de su curiosidad. Las cosas le llaman la atención y siente el deber de describirlas, mientras que a la vez las crea. Escribir un cuento no es contar un mundo, es terminar con todos los otros mundos que el lector creía ciertos. En ese aspecto Stahl es una terrorista. Mira mucho, demasiado. Se concentra en lo particular de un vaso. Intenta hacer chistes torpemente e igual se ríe. Ella misma es un personaje lleno de extrañezas, acaso de todas esas que fue recolectando por allí. Lo suyo no es multiculturalismo, es inconformismo. Como si le bastara un día para dejar de ver como bizarro eso que conoció hace instantes. No le alcanza nada, salvo Buenos Aires, tal vez.
Oscar Wilde, extraño en su época, decía que amarse a uno mismo es una aventura que dura toda la vida. Anna no parece estar de acuerdo, para ella es como si no existiera un “uno mismo”, porque uno mismo es otros, es lo que tomó de esos otros; de nuevo la otredad pero moderna, alcanzable ahora.
Así es Stahl: múltiple, y encuentra en esas vastísimas posibilidades de ser, la fuerza creativa. Si alguien le pregunta por qué escribe, ella debería responder que lo hace para ir acercando las extrañezas del mundo. Esa es su musa, con más de misión que de musa, que se vuelve mandato y con el tiempo se transforma en temática.
Pienso que Stahl es como Groucho, tiene sus principios, y si no gustan tiene otros. Y de tanta mezcla, de tanta cosa cierta recolectada por ahí, Kazumi podría decir algún día en uno de sus cuentos -en uno que se encuentra consigo misma-, que sus historias “no siempre apócrifas” han hecho de ella una profeta de lo extraño.
Así funciona en ella, pero no sólo así. Pensar en algo es pensar aspectos de eso, nada más. Nos quedamos cortos de apresurados.

martes, 2 de diciembre de 2008

Dos Lluvias

I

Pequeños golpes,
gotas.
El cemento
impermeable
recibe.
El agua cae y rebota:
hacia abajo,
hacia arriba,
hacia abajo,
al charco.
Y golpes en crecimiento,
un tambor,
y los instrumentos del viento,
un rumor.
Las ramas hacen sonar la nada,
¿Suena la nada o suenan las ramas?
No importa,
la lluvia pasa,
la lluvia va.

II

Y en la línea vacía que deja el misticismo
un hombre insulta.
La lluvia realmente es mágica
cuando no nos caga la vida una baldosa floja.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Compleja

Las piernas cruzadas en una clara posición de feminidad. El pie izquierdo, en puntas, toca el piso; el otro –filosófico- se tambalea en el aire, tiembla levemente, apenas es un pie.
Por arriba de la mesa ella lee, toma el libro con una sola mano, con la agilidad de quien lo hace a menudo. Apoya la espalda en el respaldo, tiene el libro con la derecha y mantiene el pulgar entre las páginas como separador. La mano izquierda sostiene su cabeza, la frente de su cabeza, el peso de su cabeza.
Sus zapatillas son blancas, decoradas con garabatos negros desprolijos. Hay algo de moda en ese diseño. La remera es la prolongación de las zapatillas, mismos colores, mismos garabatos. Tiene la combinación ensayada para no tener que pensar qué ponerse cada mañana.
Todavía lee y yo la miro, las personas que leen me resultan hipnóticas.
En un momento levanta la cabeza y se acomoda los anteojos. Siente cómo le va doliendo la vista y por dentro insulta la tradición en la miopía de su familia materna.
Valeria es sofisticada. Lee en inglés, pide los cafés con el nombre italiano (mocaccino, ristretto, capuchino), pasea a su perro cuando cree que va a llover…. y mientras lee, escribe. Le discute al autor, siempre en silencio, la utilización de tal o cual palabra. Siente tener el derecho a ser soberbia.
Por ese entonces el pie danzante se detiene. Apoya ambas zapatillas en el piso y de un movimiento rápido se saca los anteojos, que luego guarda en el estuche. Cierra el libro y mete todo en la cartera, cartera blanca garabateada en negro, por supuesto.
Se para y va a la caja a pagar, Valeria no espera a que los mozos la atiendan, odia esas situaciones porque no sabe si leer o no, la amenaza de la pronta interrupción no la deja concentrarse.
Paga y pregunta por el baño. Tiene un apuro súbito por irse del bar, como si las líneas de su novela la hubieran espantado. No obstante, la biología manda.
Se acerca al baño, mira la puerta y el cartel colgado, la M mayúscula en medio de esa entrada. Va a entrar y se frena. ¿Mujeres?, se pregunta. ¿Esa M es de mujeres?, ¿no será de masculino?...bien podría serlo, piensa satisfecha. Entonces busca la otra opción, esperando encontrar la F del femenino, pero no. El custodio en ese otro baño es una H. Valeria se decepciona y decide entrar por la primera puerta.
Estira la mano y, al tocar la madera pintada de rojo, se contrae. ¿M?, reflexiona. Y después concluye: ¡Macho!... M de macho y H de hembra, ¿por qué no?.
Justo en ese instante glorioso en el que ella descubre la ambigüedad de los carteles, un chico pasa corriendo por su lado y entra sin pensar al baño tras la letra H.
La seguridad del nene la indigna, ni siquiera es hombre, dice, ni siquiera es hombre. Y entonces olvida su necesidad biológica y se va del bar a las puteadas.

martes, 4 de noviembre de 2008

La voz del poema

Hay sensaciones que hay que tener. Yo, sin ir más lejos, nunca había leído una poesía en público hasta este sábado. Guau!, si habrá sido fuerte la sensación que hasta creo que justifica la expresión "GUAU" en un texto.
Fue el sabado 1° de noviembre en la Gráfica Patricios, allí se leyó poesía durante toda la tarde sin cansancio. El motivo: exponer el trabajo relizado en los distintos talleres de poesía que coordina (increíblemente, a mi gusto) Romina Freschi. (pajaroslocos.blogspot.com.ar).
No es que tenga intención periodística, como parece expresar mi tono, sino que por momentos es importantes contextualizar, y más aún cuando hay responsables concretos de la felicidad de uno. Otra vez GUAU, no siento ser yo el que expresa tanta energá positiva.
Eso es, energía positiva... leer una o dos líneas basta. Un verso, micrófono de por medio, y la voz de uno flotando distinta en la inmensidad. Quedan al medio suspiros de aire que desgranan el cuerpo y lo hacen polvo cósmico. De la materia sólo queda el alma. El alma entonces es materia.
O tal vez exagero por mi fervoroso debut oral. La garganta confunde al pensamiento cuando se irrita de poesía. Yo, repito, tal vez todo lo exagero. De todos modos la vida se comprende cuando dentro hay poesía.

jueves, 30 de octubre de 2008

sombras

Se cae, rompiéndose de a poco cae
impacta contra el centro duro de mi arteria
y duele...
a poco a poco duele.
Al costado hay una vida,
la mía
-la de alguien que era yo-
pudriéndose
muriéndose
sintiéndose ser el abandono.
¿Es posible el dolor sin rencor previo?
La duda
las horas
los días
el mes
la forma
el beso
el abrazo
el enojo
las palabras
la pelea
el reencuentro
-los reencuentros-
la soledad de nuevo
y la nueva soledad...

Las ganas de haberse detenido en ese instante
y nunca,
y nunca más cortar.


Parece que al amor lo llaman sueño.




(a cata, la chica que me dio la poesía)

miércoles, 22 de octubre de 2008

Algunos Días Despues

Cuando no se prestan las ganas de escribir,
o lanzamos ciertas líneas y el azar las borra,
o creemos en la responsabilidad de perpetuar conceptos;
Todo sale errado,
Así sin fuerza,
Sin las esquinas pulidas,
Precario.
Es así como nuestra tenacidad nos reconoce necios
Y caemos en la maña de revisar,
De discutirnos,
De amansarnos,
De retomar las páginas que habíamos creído listas.
Y surge la demanda perfeccionista:
Corregir,
Tomar otro curso,
Pensar que habíamos pensado en otra cosa,
Cambiar el orden,
Modificar factores,
Censurarnos el impulso aquel.
Entonces las palabras serán otras,
Y las ideas, ya banales anteriormente,
Tomaran color de sauce
-¿quién conoce el color del sauce?-
Y se reacomodaran en la cabeza.
Luego así las “percepciones”
Serán nociones perdidas,
Al reverso y al revés,
Y de vuelta, y dando vueltas,
Lo designado menor,
En repetidos, sucesivos, cantos
Será lo enorme, lo gigante:
Menor
Menor
Menor
Menor
Menor
Menor
Menor
Menor….

El tiempo va cambiando no la forma, sino lo formulado.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Para Jóvenes Letrados

Hace un tiempo estuve en el barrio de Palermo, comiendo con amigos en un restaurante al cual solemos ir. Dejé el auto en la esquina y le pedí al “encargado de la cuadra” que me lo cuidara. “Sí, son cinco mango papi” me dijo. Yo, inocente ciudadano, pregunté “qué eran cinco mangos”, advirtiendo que cinco mangos en sí eran sólo cinco mangos. Tanto: cierta cantidad determinada de frutas (mas de cuatro y menos de seis según entiendo) o bien podría significar cinco pesos. Se refería claramente al dinero. Le aclaré que no tenía esa plata, la tenía pero no para dársela a él pues si se la diera ya no la tendría. El muchacho, de voz finita pero intimidante, me dijo “si yo tendría ese auto no te amarreteo cinco mangos guampa”. Instintivamente le respondí “si yo tuviera ese auto, se dice”.
“Es lo mismo guacho”, anunció el chico, segurísimo de que era lo mismo y de que yo no tenía padre. Decidí no entrar en la contienda e ignorando su idea de mi “yo-guacho”, le di “cinco mangos” y dejé mi auto en las mejores manos, al ritmo de “Bombón Asesino” que sonaba en la radio del cuidador, quien, mientras me alejaba, gritaba “andá tranqui logi, yo te lo cuido”.

¿De donde vienen las palabras que empleamos? ¿Cuanto tarda un término en pasar de horrendo a estipulado?
Muchas de los vocablos que usamos hoy en día tienen su origen en un pasado no tan lejano. Palabras que hoy suenan habituales como “laburar” fueron delatoras de extranjeros cuando aún no se arraigaba la costumbre italiana. Más cercano aún, palabras como “chabon”, “chapar”, “transar”, etc. fueron novedades que necesitaron institucionalizarse en las juventudes de anteriores décadas. Así mismo es común escuchar términos que supieron ser agresivos como “boludo”, “joda” o “quilombo”, sin que nadie se sorprenda. Han perdido su fuerza o han cobrado gran valor, volviendo su significado más leve para permitir el uso indiscriminado.
Constantemente el idioma se modifica, se renueva, se re-significa. A costa de ser transgresor corre el riesgo, el lenguaje, de involucionar. Se auto destruye olvidando palabras clásicas o de uso preciso en ciertos casos, “una palabra mal colocada estropea al mas bello pensamiento” sostenía Voltaire.
No creamos, los jóvenes, que por ser el presente referente de actualidad tenemos derecho a basurear al idioma que nos concedió el habla. Michel de Montaigne, un escéptico francés, dijo alguna vez que “la palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha”. Adhiriéndome a ello, aconsejo a los jóvenes lectores que no olviden que al hablar no sólo escapan a su silencio sino que acaban con el silencio del otro.
Es cierto que hay determinadas cuestiones técnicas que nos obligan a renovarnos, como al hablar de las tecnologías. Pero no lleguemos al extremo de tecnificar los campos naturales de nuestra vida como al creer que charla y “chat” son sinónimos.
No nos queda más, a los nostálgicos, que aceptar la inclusión del “guachin”, “guampa”, “logi” o “tkm” cuando quieren decir “te quiero mucho”. No nos queda más que aceptarlo y reír o llorar en silencio.
Re-establezcamos la costumbre del diccionario, busquemos “inefable” si no sabemos qué significa. Acudamos a los libros para ver qué es “zozobra”. No hagamos de éste escrito sólo papel picado para la cancha.
Juventud nefasta es la que no sabe lo que nefasto significa.



* Zozobra: f. Inquietud, aflicción y congoja del ánimo, que no deja sosegar, o por el riesgo que amenaza, o por el mal que ya se padece.
* Inefable: adj. (del lat. Ineffabillis, indecible). Que no se puede explicar con palabras.

martes, 7 de octubre de 2008

Hoy


El mundo está a punto de estar por explotar
Ya está, aquí reflejado, el punto final.
Y es cierto, en parte nada va a pasar
Digo mundo por no decir mi nombre
Que cae de a cuotas en el turbio monte
Del desconsuelo usual.
Es de la tristeza de estar triste
Que se muere,
Es de sentirse inmerso en laberintos sin cruces
Que se acaba,
De verse una y otra vez en callejuelas con salidas evidentes
Enchastrado de melancolía falsa
Disfrazado de cuento de suceso habitual.
O inocente o locos,
Ya no quedan opciones,
La distancia, si existe, va de agudos a crónicos.
O inocentes o tontos, hay un solo binomio.
Hay querer o no querer,
Hay morir o no morir,
Hay ser redondo e infinito o no serlo…
Y es un continuo supuesto de ilusiones suceder
Lo que está por explotar
Dentro de mí,
dentro todo.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Vida y obra de un genio cualquiera


Demasiada moralina, demasiada. Abuso indiscriminado del factor correcto. En esta sociedad, en esta o en cualquiera, se está matando a los genios. La moralina mata a los genios, los disipa, los censura. Por un lado la derecha: “¿cómo vas a llamar poeta a ese muchacho?, no viste usa la palabra pija! Pero por Dios, se perdió todo sentido de la estética”.
Por el otro la vanguardia (nótese que históricamente la vanguardia suele ser la izquierda, y en estados comunistas se trata de vanguardia oficial), “cómo puede ser que siga habiendo poetas líricos que respetan la métrica… pero meté corte y palabras del mundo real, como poronga”.
Demasiadas leyes. El genio no puede vivir, se le exige estar aquí o allá, pero no pendular.
“Hay que hablar de los desaparecidos, del compromiso social y la lucha por la revolución carajo!”, le gritan desde un lado. “Hay que hablar de la patria y de nuestros héroes, caramba!”, exclaman desde el otro. Y el genio, mientras tanto, quiere pensar en que él capaz no sea un genio, porque como él, muchos otros deben estar pensando que son genios, entonces se anulan los cupos entre sí. El sólo saber que hay otros considerándose genio lo excluye de la categoría. Pero eso lo pensó Pessoa antes, que tan genio no fue porque ni cuenta pudo darse de que era un verdadero genio. Otra vez la opresión, la culpa, el psicoanálisis. El genio quiere estar en paz. “La poesía es como la bosta, surge como producto de lo ingerimos”, piensa un día; pero lo agarra una señorita bisnieta de María Esther Vázquez (nombro al voleo, ni sé si tiene hijos) y le dice “cómo vas a escribir tal porquería”. El genio se siente culpable, el sólo quería jugar a provocar un rato, mostrar cómo salta el león cuando le dicen que tal vez el elefante merezca probar el trono por una temporada.
Al final olvida eso de la bosta y escribe, sin saber que plagia, que la poesía es expresión “liviana, alada y sagrada”. A los pocos días se encuentra con, digamos Mariano Llinás, hijo de Julio Llinás (poeta surrealista argentino), y este tal Mariano (que es director de cine) le dice que la poesía tiene que estar al servicio del subconsciente para despojar con papel todo el potencial del pensamiento humano, que deje de lado la inocente definición Socrática.
Demasiada moralina, el genio no puede ser feliz y sufre, reafirmando su condición de genio.
Véase, es bueno aclararlo en este punto, que la concepción de genio sólo puede concebirse para aquellos que escriben, el resto son bochos o tipos brillantes. Por lo tanto, sabiendo eso, el genio se pone a escribir novelas. Pero ya está todo escrito. El tema de los puntos de vista lo acaparó Faulkner, la copia a Faulkner ya la hicieron todos los escritores del boom latinoamericano, la novela epistolar no se la cree nadie porque ahora se usa mail, la tercera persona dicen que pasó de moda, la primera persona es la moda y no está bien visto que el genio siga a la manada, la primera persona del plural puede ser interesante pero el genio no puede evitar pensar como individuo único… deja la novela sin escribir.
Hace cuentos y los manda concursos donde mejor no ganar porque para ser genio hay que hacerse famoso póstumamente. Recopila su obra: sus poemas, sus inicios de novela (alguien luego inventará que jugaba con los conceptos de Macedonio), sus ensayos y las notas que escribía en los boletos de colectivo en forma de aforismo. Junta todo, hace varias copias, se lo da a su mejor a migo y le dice –mientras le guiña un ojo- “no publique nunca mi obra”. Por si acaso repite el ritual con tres o cuatro de sus amigos menos confiables.
Vuelve a su casa y se toma un whisky. Todo está hecho, en algunos años él estará muerto de tuberculosis (que intentará contraer), y sus obras serán leídas en más de treinta idiomas.
En una sociedad con tanta moralina, se hace genio el que sabe manejar el marketing.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Lecciones de un mozo al paso

Lo primero es la distribución de las mesas, ahí se concentran muchos de los problemas y de las soluciones. En un lugar chico, ponele de dos mozos, es imposible que no haya celos con el tema de las propinas, porque el cliente, vaya a saber uno por qué, siempre prefiere un sector del salón a otro… qué se yo, a las viejas por ejemplo les gusta sentarse cerca de la pared, como si allí hubiera más seguridad o estabilidad imagino. Otra cosa de las viejas es que siempre prefieren mesa para cuatro, aunque estén solas… necesitan explayarse físicamente o algo, poner una bolsa por silla y que todo tu servicio esté a su disposición… Decir que las veo y me acuerdo de mi abuela, sino no sé, mirá.
Después… los treintañeros de traje se toman un cafecito para hacerse los cancheros con las mozas mujeres, como que se sienten seductores tomando su café, y concentran todos sus encantos en el pago de la propina… hay mucho de ritual, de protocolo en la relación que se establece con el camarero…., ahí hay otra cosa, mozos en realidad no, camarero, gusta más.
Pero bueno, te decía que da celos la distribución del salón porque si te toca, suponete, la parte fumadora siempre se gana más de propina, porque el fumar parece que opera como elemento de culpa y sienten que deben pagar más por el servicio.
A ver, qué se yo, puedo hablarte de muchas costumbres… por ejemplo si el salón está vacío y hay sólo una mesa sucia (que aún no levantaste porque está todo tranquilo y te da fiaca), y entra un cliente, con todo el salón a su disposición, no hay chance de que no elija la mesa sucia… no me preguntes por qué mierda hacen eso, pero es fija… la mesa sucia seduce más… no digo que se haga con conciencia, para cagarle la vida al camarero, no… pero se hace, sin dudas.
Otra cosa graciosa es cuando el cliente piensa que el camarero se olvidó de darle su vuelto de dos pesos, mamita, eso no pasa querido… el mozo lo hace a propósito, suponiendo que el cliente (sea o no tacaño) va a resignar la plata e irse… pero podés creer que te lo reclaman: “mozo, mi vuelto”… y no te hablo de gente que gasta 4 pesos y quiere su vuelto, no… te hablo de gente que gasta 28, o 38 mangos, hasta 48, y quieren sus dos mangos… El argentino cada día está más rata te digo eh… el otro día hablaba con un yankie que entró al bar y me contó que allá dejan siempre, como mínimo, el 20%... eso sí es propina… y acá te reclaman dos sopes, es el colmo.
Y mirá que los turistas varían eh, el yankie, como te dije, deja mucho, gasta 50 y te deja 10. El español es más tacaño, como el argentino casi. Los brazucas pagan bien, el 15 dejan en general.
Y después, dentro de argentina, las que más dejan son la viejas paquetas, aunque no falta la pretensiosa rata que es capaz de dejarte 10 centavos, te juro, 10 centavos, pero hay que ser hija de puta, mejor no dejar nada a dejar 10 centavos, escuchame. Y bueno, los pibes jóvenes de traje pagan lindo si es que los atiende una linda mina que les histeriquea un poquito… si serán babosos… bah, yo también, uno paga más contento si te dan la cuenta y acto seguido ves como se aleja un buen culo con tu plata… lo vale, seguro que lo vale.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Cuando Miro

Yo, que te miro, lo presiento:
que tú, siendo mirada, lo que sientes
es que yo, mientras miro tu mirada,
presumo cosas que no están fundamentadas.
Mas tú, que sólo callas y que esperas,
ignoras de mi mente los rincones
que me dicen que te miro por entera
simplemente por el goce de tus dones.
Mas tú, que sólo callas aunque a veces ríes,
no dejas nunca que la ansiedad confíe
cierta verdad, cierta opinión, cierto escondite,
cierta razón que sin razón no me permites.
Y yo, que sigo empecinado en mirar, veo
que tú buscas al costado del camino
a otras personas, a otros “otros”, a los niños…
a cualquiera que camine por mi limbo.
Pues aunque tú, que miras y que callas, veas
que no hay nadie más que yo en la cercanía,
te supones otras gentes en la vía
y te aferras a esa ausente compañía.
Entonces yo pregunto qué te espanta,
mas no respondes, agarrada a tu vergüenza,
y yo acerco mis labios a tu boca
acaso como cómplice estrategia.
Y tú olvidas esas falsas amenazas,
respondiendo a mi beso con tu beso,
olvidando un rato al ojo, que es balanza,
y quitándole al entorno relevancia.

martes, 26 de agosto de 2008

Ajenidad

Salpica libre el sol
Oh, malta pecadora
Corre el cuento de niño que fumiga,
Calumnias de ajenidad
¡Hermana!
¡Hermana tierra!
¡Hermana!
La calle se va con otros
Y queda solo mi velo
Mi angustia
Mi ajenidad
De la luz
Que va
Que cae
Que sobra
Que baña
Que inunda
Que muestra
-¡Feroz!-
El trueque de hielo inédito,
Un Amanecer de mí,
Un Atardecer de usted,
Yoes de penumbras muertas,
Ajenidad,
Grito,
¡Ajenidad!
Perfume de hora larga y tuya
Manifiesto de vacío
El devenir.
Ruido,
Decepción y ruido.
Indígena de modernidad,
Moda nueva de recíprocas fealdades
Todo, nada,
Nada, todo
Diminutivo de luz,
Y correr de nuevo,
Hermano escape,
Prima persecución,
Ajenidad,
La voz de dios veloz
Se interpone peregrina,
Marea sublevada,
Y el resto
El todo
Ajenidad.

martes, 19 de agosto de 2008

Lapsus

A la mierda mi intención de unidad estética. ¿A alguien le molesta tanto como a mí que Marcelo Birmajer publique nuevos libros todos los meses?... Suficiente, carajo. Tomate unas vacaciones y dejá de hinchar las pelotas con tus historias de hombres casados o de amor o de seudo nueva literatura beat.
Eso es todo