¡Qué bien se siente: ya no me asfixia la novedad!
La tengo entre mis manos sin babas. La miro ahí esperando en su envoltorio. La sé casi de memoria. Ordenador, computer... Conozco su encanto pero ya no me rindo ante él. Es como un micro éxito, como un campeonato trivial sin contendientes. Suena la trompeta, largo, llego, triunfo y festejo todo junto. Un mundo nuevo, el de la no ansiedad. Pero con Ansia, querido Iorio, siempre con Ansia...
Y ahora me despejo, vuelvo a mirar la novedad ahí tendida, huérfano de manos nerviosas, y me tiro un rato a leer. La vida... y lo demás al lado.
jueves, 3 de febrero de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
Los necios
Mil hombres no saben dar vuelta una rueda.
Dos mil hombres no son capaces de mover un árbol
Ciento cincuenta mil hombres no logran vencer a un ejercito de hormigas
Tres millones de hombres no pueden ni hacer temblar un trébol.
Pero él, el hombre del campo que cree ser de ciudad, asegura que de un suspiro asesina cualquier estrella.
…
…
…
Lo que hace la mente de un imbécil es insuperable
Dos mil hombres no son capaces de mover un árbol
Ciento cincuenta mil hombres no logran vencer a un ejercito de hormigas
Tres millones de hombres no pueden ni hacer temblar un trébol.
Pero él, el hombre del campo que cree ser de ciudad, asegura que de un suspiro asesina cualquier estrella.
…
…
…
Lo que hace la mente de un imbécil es insuperable
viernes, 24 de diciembre de 2010
A las dos y media de la mañana, en Navidad...
Hay tanta gente sola… Es absurdo, casi como el dominio de los hombres sobre los animales (si se avivaran nos pasarían por encima). Completamente absurdo: yo solo en Punta del Este, trabajando. Otros, solos en sus casas. Otros, solos en un bar. Otros, solos por ahí… Debiera haber una comunidad, no una red social, una especie de autogestión de solitarios con carnet, con el que te hace descuento en hostels pero para gente sola.
Estoy en una casa grande, con vista al mar, tres habitaciones, balneario “top”…. Mucho de lo que querrían algunos. Y leo que alguien dice que el mejor regalo es un abrazo…
A mí nadie me abrazó esta noche, nadie me dijo que me quería sinceramente. Brindé con tres amables extraños y hasta me saqué fotos. Fue, digamos, un feliz de momento. ¿Y ahora que me cabe? ¿Dormirme triste? ¿Dormirme satisfecho? O ir a romper mi angustia por las oscuras calles del quién sabe… Tal vez deba sacar el auto. No sé, no sé, no sé. No pienso en nadie. Escribo en mi blog un viernes a las dos de la mañana. ¡Y en noche buena! ¡En Navidad! ¿Es esto la soledad? ¿O es una ocasión fortuita, casual, que no alcanza para compadecerse de uno mismo?... De vuelta: no pienso en nadie. En NADIE. Eso me entristece: si al menos tuviera a quién extrañar…
Me acuerdo del 2005, en Nueva Zelanda con un osito (que era un perro) y millones de nervios con ganas de declararse. Me creía enamorado, pero después descubrí que para tanto hace falta correspondencia. Aun así era algo, era mucho. Y sonaba palito ortega y puse lo que había que poner, algo de cojones, algo de descaro, y lo dije todo. Ese fue mi auto regalo: mi coraje, una perla.
También me acuerdo el 2007, ya casi 2008. New York, Giovannas da Napoli (excelente pasta), Mulberry esquina Hester. Otra navidad solitaria, con gente que no me quería. Bah, ni fu ni fa. Compañeros de trabajo de hacía un mes. Gente nomás, qué sé yo. Y ahí sí que sufrí. Extrañé mucho. Nadie imagina cuanto. Lloré montones. Casi nunca terminé de llorarlo todo. Pero se fue. Está en el pasado, como la navidad feliz del 2009, como la navidad piloto del 2010… se fueron. Lo bueno de la tristeza es la mismo que es lo malo de la felicidad: que se acaba, que se va, que se vuelve polvo de olvido. Ni siquiera olvido: polvo de olvido, más diminuto.
Le pido a Santa que me olvide. Gracias, Santa.
Le pido a Santa que me embriague. Gracias, Santa.
Y si resta pedir algo, que no me deje olvidarme del que fui, que no me permita enamorarme del que soy, que no me impida llegar a ser el que puedo ser.
Le pido a Santa o a quien valga el valor para ser escritor, el valor para no ser un mediocre… Le pido la cita al oído: “hay una meta, no un camino; lo que llamamos camino es vacilación”.
En noches como esta me duele la verdad. Fue un día triste, no tengo que olvidarlo. Fue un día malo, no puedo perdonarlo. A Dios le pido la literatura, la concentración, la inspiración y el talento. A Dios o a Dios.
Si es cierto que la navidad entrega deseos, yo pido poder ser digno de las palabras. Si cupiera un único deseo, el mío sería poder ser digno de la literatura. Dame Dios la sangre del escritor, aunque deba borrarse todo el resto. Permitime no ser el último de los hombres, regalame la dicha de escribir unos buenos versos esta noche.
Estoy en una casa grande, con vista al mar, tres habitaciones, balneario “top”…. Mucho de lo que querrían algunos. Y leo que alguien dice que el mejor regalo es un abrazo…
A mí nadie me abrazó esta noche, nadie me dijo que me quería sinceramente. Brindé con tres amables extraños y hasta me saqué fotos. Fue, digamos, un feliz de momento. ¿Y ahora que me cabe? ¿Dormirme triste? ¿Dormirme satisfecho? O ir a romper mi angustia por las oscuras calles del quién sabe… Tal vez deba sacar el auto. No sé, no sé, no sé. No pienso en nadie. Escribo en mi blog un viernes a las dos de la mañana. ¡Y en noche buena! ¡En Navidad! ¿Es esto la soledad? ¿O es una ocasión fortuita, casual, que no alcanza para compadecerse de uno mismo?... De vuelta: no pienso en nadie. En NADIE. Eso me entristece: si al menos tuviera a quién extrañar…
Me acuerdo del 2005, en Nueva Zelanda con un osito (que era un perro) y millones de nervios con ganas de declararse. Me creía enamorado, pero después descubrí que para tanto hace falta correspondencia. Aun así era algo, era mucho. Y sonaba palito ortega y puse lo que había que poner, algo de cojones, algo de descaro, y lo dije todo. Ese fue mi auto regalo: mi coraje, una perla.
También me acuerdo el 2007, ya casi 2008. New York, Giovannas da Napoli (excelente pasta), Mulberry esquina Hester. Otra navidad solitaria, con gente que no me quería. Bah, ni fu ni fa. Compañeros de trabajo de hacía un mes. Gente nomás, qué sé yo. Y ahí sí que sufrí. Extrañé mucho. Nadie imagina cuanto. Lloré montones. Casi nunca terminé de llorarlo todo. Pero se fue. Está en el pasado, como la navidad feliz del 2009, como la navidad piloto del 2010… se fueron. Lo bueno de la tristeza es la mismo que es lo malo de la felicidad: que se acaba, que se va, que se vuelve polvo de olvido. Ni siquiera olvido: polvo de olvido, más diminuto.
Le pido a Santa que me olvide. Gracias, Santa.
Le pido a Santa que me embriague. Gracias, Santa.
Y si resta pedir algo, que no me deje olvidarme del que fui, que no me permita enamorarme del que soy, que no me impida llegar a ser el que puedo ser.
Le pido a Santa o a quien valga el valor para ser escritor, el valor para no ser un mediocre… Le pido la cita al oído: “hay una meta, no un camino; lo que llamamos camino es vacilación”.
En noches como esta me duele la verdad. Fue un día triste, no tengo que olvidarlo. Fue un día malo, no puedo perdonarlo. A Dios le pido la literatura, la concentración, la inspiración y el talento. A Dios o a Dios.
Si es cierto que la navidad entrega deseos, yo pido poder ser digno de las palabras. Si cupiera un único deseo, el mío sería poder ser digno de la literatura. Dame Dios la sangre del escritor, aunque deba borrarse todo el resto. Permitime no ser el último de los hombres, regalame la dicha de escribir unos buenos versos esta noche.
sábado, 6 de noviembre de 2010
sábado, 30 de octubre de 2010
Mr President
Veo pasar como cuadritos a los presidentes sudamericanos. El desfile corresponde. Y el motivo, otra vez la muerte. Le gente lo despide y es fervoroso el recuerdo cantado. Siento que lo quieren, no hay dudas. Los comentaristas, medidos esta vez, adoptan la tristeza. Y en suerte de reconciliación imaginada, yo lo veo más grande de lo que siempre lo vi. Un joven contrincante que viene a rendirte tributo…
No se puede hablar de cariño. Sí de respeto. Y es indudable una vez más que los enemigos encarnan partes lo que querríamos ser.
Con el correr de las horas su imagen se agranda más. Leo en los tantos diarios las distintas versiones de su alma. El crisol de estrategias pasadas parece interminable. De pronto el demonio es un ángel estadista que todo lo supo. Pero lo entiendo, la muerte redime. La historia ha mostrado largos casos de aceptación post mortem. Al morir Camus, Sartre, que fue su amigo hasta que se peleó a muerte, recordó súbitamente todo el afecto y la admiración que sentía. Lo malo: ¿para qué?
Creo que es justo rendirle homenaje. Fue mi presidente, y tal vez si supiera más de política lo admiraría hasta karma. O no. Lloraría, claro. Y quizá estaría en la fila del adiós.
Mi frágil ideología y una familia de derecha me alejan de un dolor más sincero. Poco importan mis sensaciones. Hay un pueblo destruido, que lo llora como los que más saben llorar, sin esperar explicaciones. Hay una plaza, un desfile, un eterno adiós paulatino. Vendrán las miserias más tarde. Y yo seguiré pensando en su muerte.
No se puede hablar de cariño. Sí de respeto. Y es indudable una vez más que los enemigos encarnan partes lo que querríamos ser.
Con el correr de las horas su imagen se agranda más. Leo en los tantos diarios las distintas versiones de su alma. El crisol de estrategias pasadas parece interminable. De pronto el demonio es un ángel estadista que todo lo supo. Pero lo entiendo, la muerte redime. La historia ha mostrado largos casos de aceptación post mortem. Al morir Camus, Sartre, que fue su amigo hasta que se peleó a muerte, recordó súbitamente todo el afecto y la admiración que sentía. Lo malo: ¿para qué?
Creo que es justo rendirle homenaje. Fue mi presidente, y tal vez si supiera más de política lo admiraría hasta karma. O no. Lloraría, claro. Y quizá estaría en la fila del adiós.
Mi frágil ideología y una familia de derecha me alejan de un dolor más sincero. Poco importan mis sensaciones. Hay un pueblo destruido, que lo llora como los que más saben llorar, sin esperar explicaciones. Hay una plaza, un desfile, un eterno adiós paulatino. Vendrán las miserias más tarde. Y yo seguiré pensando en su muerte.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Cuando todo el resto es realidad
¿Y qué hago con la suerte, con la sed, con la locura? Cuando todo el mundo es realidad, qué hago con el sueño que no tengo. ¿Con los lunes que son trabajo y nada más? ¿Con los martes sin creencias?
Tengo que ir a un banco, depositar 400 pesos. Ir a la empresa de celulares que me estafa. Pelear 200 pesos. Pssar por pago fácil, perder 100 de la luz. Llorar un rato, gratis.
¿Y qué hago con las ganas de un bar una tarde cualquiera? ¿Donde compro la cerveza que me debo?
Que poco divertido es caminar, cuando todo el resto es realidad.
La catarcis y las compras. Los amigos que no tienen tiempo azul para perder en peregrinos. Los salvajes números asteriscos. Y mi nombre y el de aquella. Las ganas postergadas, el sí que no que sí. Ese momento efímero de valentía, de arrojo, de abandono. De qué vale vivir sin soledades a montones que nos borren las soledades a montones que nos pesan en la espalda solitaria de un momento, un momento peculiar (cuando todo el resto es realidad), un momento luz negra, luz que no, luz abismo. Qué hacemos, qué bailamos, qué jugamos. Cuando todo el mundo es realidad, batimos el record de nuestras propias ganas de matar!
Tengo que ir a un banco, depositar 400 pesos. Ir a la empresa de celulares que me estafa. Pelear 200 pesos. Pssar por pago fácil, perder 100 de la luz. Llorar un rato, gratis.
¿Y qué hago con las ganas de un bar una tarde cualquiera? ¿Donde compro la cerveza que me debo?
Que poco divertido es caminar, cuando todo el resto es realidad.
La catarcis y las compras. Los amigos que no tienen tiempo azul para perder en peregrinos. Los salvajes números asteriscos. Y mi nombre y el de aquella. Las ganas postergadas, el sí que no que sí. Ese momento efímero de valentía, de arrojo, de abandono. De qué vale vivir sin soledades a montones que nos borren las soledades a montones que nos pesan en la espalda solitaria de un momento, un momento peculiar (cuando todo el resto es realidad), un momento luz negra, luz que no, luz abismo. Qué hacemos, qué bailamos, qué jugamos. Cuando todo el mundo es realidad, batimos el record de nuestras propias ganas de matar!
jueves, 23 de septiembre de 2010
White Memories
I
La primera ducha
llegar a ser hombre según mi padre
al dejar la inmersión
abandonar ciertos placeres:
la piel de viejito tras media hora o más
el recorrido inepto del jabón bajo el agua…
Todo a favor de un descubrimiento cuasi adolescente
pasar al fútbol de bañadera
con el mismo jabón bordeando las paredes como skater
ida y vuelta mientras el agua desde el cielo me baña de hombría
“pues los hombres se bañan de ducha”
dice papá
y dejan pelos en la esponja
aunque no los tengan
(ni a los doce
ni a los quince)
los hombres se bañan de ducha
hasta que el hombre se impone al hombre
y en un baño ya propio
(con veintitantos o más)
vuelve el placer de la inmersión.
La primera ducha
llegar a ser hombre según mi padre
al dejar la inmersión
abandonar ciertos placeres:
la piel de viejito tras media hora o más
el recorrido inepto del jabón bajo el agua…
Todo a favor de un descubrimiento cuasi adolescente
pasar al fútbol de bañadera
con el mismo jabón bordeando las paredes como skater
ida y vuelta mientras el agua desde el cielo me baña de hombría
“pues los hombres se bañan de ducha”
dice papá
y dejan pelos en la esponja
aunque no los tengan
(ni a los doce
ni a los quince)
los hombres se bañan de ducha
hasta que el hombre se impone al hombre
y en un baño ya propio
(con veintitantos o más)
vuelve el placer de la inmersión.
lunes, 23 de agosto de 2010
Dos muertes, la muerte
¿Cuáles son las cosas que se pueden lamentar? ¿Cuáles las que no?... ¿Con qué gracia divina nos protegemos cuando juzgamos el lamento ajeno? ¿Con qué gracia juzgamos?
Se me ocurren preguntas tras las muertes. Muertes que no necesariamente siento o sufro, pero que me modifican. Murió Rodolfo Fogwill el sábado 21 de agosto. También lo hizo Hugo Guerrero Marthineitz. ¿Lo hizo? Las cosas, hechas o padecidas, simplemente son. Murió Fogwill (como le gustaba firmar), y murió el Negro Guerrero Marthineitz (como lo llamaban).
Ambos dejaron hijos y dilemas. Los dos fueron queridos y resistidos, probablemente uno hubiera sido la resistencia del otro. Seguramente no se habrían querido. Y hoy la muerte los une en una fecha. Y como siempre, derrotero de piedades hipócritas, la muerte los pontifica. ¿La muerte? Diré más bien los vestigios de los vivos.
Ahora vuelven las preguntas, las mismas: ¿cuáles son las cosas que se pueden lamentar? ¿cuáles las que no?... Muchos llorarán a Fogwill, muchos a Marthineitz. Pocos a los dos, apenas los que no conocían a ninguno. Y habrá (ya las hay), voces que pululen por el vena negra. Digo: voces que critiquen, que interpelen: “¿a ése vas a llorar?, más bien llorá a este otro”. Y viceversa.
Al final, citando imprecisamente a Thoreau: “antes que amor, o que dinero, o fama, dame verdad”. Bien o mal murieron. Bien o mal, fueron lo que fueron.
Se me ocurren preguntas tras las muertes. Muertes que no necesariamente siento o sufro, pero que me modifican. Murió Rodolfo Fogwill el sábado 21 de agosto. También lo hizo Hugo Guerrero Marthineitz. ¿Lo hizo? Las cosas, hechas o padecidas, simplemente son. Murió Fogwill (como le gustaba firmar), y murió el Negro Guerrero Marthineitz (como lo llamaban).
Ambos dejaron hijos y dilemas. Los dos fueron queridos y resistidos, probablemente uno hubiera sido la resistencia del otro. Seguramente no se habrían querido. Y hoy la muerte los une en una fecha. Y como siempre, derrotero de piedades hipócritas, la muerte los pontifica. ¿La muerte? Diré más bien los vestigios de los vivos.
Ahora vuelven las preguntas, las mismas: ¿cuáles son las cosas que se pueden lamentar? ¿cuáles las que no?... Muchos llorarán a Fogwill, muchos a Marthineitz. Pocos a los dos, apenas los que no conocían a ninguno. Y habrá (ya las hay), voces que pululen por el vena negra. Digo: voces que critiquen, que interpelen: “¿a ése vas a llorar?, más bien llorá a este otro”. Y viceversa.
Al final, citando imprecisamente a Thoreau: “antes que amor, o que dinero, o fama, dame verdad”. Bien o mal murieron. Bien o mal, fueron lo que fueron.
miércoles, 14 de julio de 2010
Mi senador de bolsillo
No me sienta bien el cinturón de preso
el preservativo ausente
o la cruz de la expiación.
Digo:
para ir juntos a una marcha
más vale rezarle a un sí
hasta que la muerte nos separe
te amaré
pedazo de queso
quiero casarme con vos
y puedo
por qué no?
si en el 2020 me casé con una mujer que no quería
(resultó ser un fracaso desde el minuto tres)
y nadie se opuso
ni mi hijo
(que hoy llora en terapia)
nadie pensó en el potencial engaño
el padre Marcos me vio dudar
(me miraba con esa cara desesperada
"decí que sí", susurraba)
y acepté nomás
fallé
me reconsntruí
y acá estoy con my gruyere
contrayendo un matrimonio lácteo
del que dudan los ratones, claro,
ellos creen que no es preciso darle al gruyere los beneficios del sardo
o del brie, peor aún...
Es que el gruyere no es un queso de familia.
Si quiero, dicen, puedo unirme civilmente
"díganle sí como a los locos"...
hasta organizaron una marcha, los ratones
todos siguen al mismo flautista que años atrás los tiró al acantilado
ratones y ratas se unen en esta cruzada
y marchan al poder...
Pero no me preocupa, siempre hay marchas en el mundo
hay marchas de plantilla
marchas de papel
y de guerrillas.
Hay marchas de países y de sombras.
Hay marchas hechas de harina
marchas pegamento
y marchas estátuas.
Hay marchas turcas parecidas a las belgas y a las rusas.
Hay marchas que hacen bien
marchas que hacen mal
y las hay de purpurina.
Hay marchas por haber
las hay porque las compran
y las veo en mi televisor
con papá y papá.
Mis amigos del retiro me dicen:
"yo voy a la marcha
te quiero amigo, pero la sociedad está primero".
Le dicen no a los rinocerontes
Ionesco, amigo, hasta acá llegamos
no capitularemos
pero es tanta gente
tantas ratas
tanta pasión desbarrancada para intervenir el mundo
guiados por cualquier voz de mando...
Y el sabor de las cortezas del amazonas?
los té de la india?
el parquímetro...?
tantas cosas hermosas que no emiten juicios
y prevalecen
con el tiempo prevalecen
mejoran como el vino
y a cada paso van aumentando su silencio
evolucionan y emiten voto
porque sí
SI
porque sí
SI
y yo, que aun no vi a las mejores mentes de mi generación desesperadas,
pienso que está por venir
mi aullido argentino
mi beat song de prosodia tanguera
mi último aliento
mi último round...
Y marchamos derechito al matadero
de Dresde a Recoleta
mi queso gruyere y yo
a mi estación infinita
donde moriremos
SI
por verle a los demás la espalda...
el preservativo ausente
o la cruz de la expiación.
Digo:
para ir juntos a una marcha
más vale rezarle a un sí
hasta que la muerte nos separe
te amaré
pedazo de queso
quiero casarme con vos
y puedo
por qué no?
si en el 2020 me casé con una mujer que no quería
(resultó ser un fracaso desde el minuto tres)
y nadie se opuso
ni mi hijo
(que hoy llora en terapia)
nadie pensó en el potencial engaño
el padre Marcos me vio dudar
(me miraba con esa cara desesperada
"decí que sí", susurraba)
y acepté nomás
fallé
me reconsntruí
y acá estoy con my gruyere
contrayendo un matrimonio lácteo
del que dudan los ratones, claro,
ellos creen que no es preciso darle al gruyere los beneficios del sardo
o del brie, peor aún...
Es que el gruyere no es un queso de familia.
Si quiero, dicen, puedo unirme civilmente
"díganle sí como a los locos"...
hasta organizaron una marcha, los ratones
todos siguen al mismo flautista que años atrás los tiró al acantilado
ratones y ratas se unen en esta cruzada
y marchan al poder...
Pero no me preocupa, siempre hay marchas en el mundo
hay marchas de plantilla
marchas de papel
y de guerrillas.
Hay marchas de países y de sombras.
Hay marchas hechas de harina
marchas pegamento
y marchas estátuas.
Hay marchas turcas parecidas a las belgas y a las rusas.
Hay marchas que hacen bien
marchas que hacen mal
y las hay de purpurina.
Hay marchas por haber
las hay porque las compran
y las veo en mi televisor
con papá y papá.
Mis amigos del retiro me dicen:
"yo voy a la marcha
te quiero amigo, pero la sociedad está primero".
Le dicen no a los rinocerontes
Ionesco, amigo, hasta acá llegamos
no capitularemos
pero es tanta gente
tantas ratas
tanta pasión desbarrancada para intervenir el mundo
guiados por cualquier voz de mando...
Y el sabor de las cortezas del amazonas?
los té de la india?
el parquímetro...?
tantas cosas hermosas que no emiten juicios
y prevalecen
con el tiempo prevalecen
mejoran como el vino
y a cada paso van aumentando su silencio
evolucionan y emiten voto
porque sí
SI
porque sí
SI
y yo, que aun no vi a las mejores mentes de mi generación desesperadas,
pienso que está por venir
mi aullido argentino
mi beat song de prosodia tanguera
mi último aliento
mi último round...
Y marchamos derechito al matadero
de Dresde a Recoleta
mi queso gruyere y yo
a mi estación infinita
donde moriremos
SI
por verle a los demás la espalda...
sábado, 10 de julio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
Árbol

Me llamaban árbol, y como tal estaba en pie. Me asediaban los vientos y la lluvia, se subían sobre mí aves extrañas. El sol, a veces, preguntaba cómo andaba de salud: “cuidate, che vos, viejo”, me decía. Qué manera de cuidarme la del sol. Siempre ahí.
Durante el otoño, contra lo que todo el mundo cree, yo salía a las calles de mi barrio a recorrer desnudo la ciudad. Me veían pasar con mi impudicia y susurraban vituperios por lo bajo. Pero no me importaban los decires de la gente, ¡si la desnudez no insulta a nadie!
Todas las tardes del invierno llovía. Sí que eran épocas duras: apenas alguna hojita protectora y la tormenta azotando sin tregua. Mas como nadie es hijo de su madre sino de la naturaleza, yo no era víctima del agua sino del bienestar del suelo. Lo que de dolor sentía, de saciedad gozaban mis raíces.
Pero un día entendí que iba a morir, podrían pasar cientos de años, pero un día iba a morir. Entonces empecé a cortejar a cuanta planta o pétalo veía, diciendo los versos más hermosos que podrían decirse. Entonces empecé a seducir a puro encanto. Y entonces mis ramas volviéronse flor. Sin importar si era invierno u otoño, mis ramas florecían como sueños. Hasta que la conocí, bendita regadera de ilusiones, y el sol se fue. Era flaca como un lienzo y refinada como el carmín. Me enredaba desde el tronco (ese era su talento), y obligaba a unas cosquillas de las que mi sabia nunca supo. Abrigaba y besaba, era calor. Un constante abrazo, enredadera mía.
Sin embargo nada dura demasiado cuando se vive cientos de años. Con el tiempo se fue ella, aun estando en mí, en busca de nuevos árboles. Y fue mía y del sauce y del algarrobo y del rosal. Fue más tarde del roble, de la acacia y del arce. No quedó nada más allá de su presencia. Le hablaba y no me escuchaba, ciega en ese afán de conquistar al mundo.
-Si entendieras de una vez, que poco hago con tu amor de compromiso…
Y nada. El que mucho abarca poco aprieta y es sordo. Mata por querer. Duele. Y en esa torpe enredadera de ilusiones incumplidas, un día elegí morir….
En eso estoy ahora, cantando a la sombra de alguna parra este testimonio testamento. Ya no me quiere, pero cuánto me quiso… Tal vez se vuelva viento al enterarse que me fui.
domingo, 6 de junio de 2010
jueves, 20 de mayo de 2010
Uno Es Tres
¿Alguien notó, en un resquicio de su desencanto, que la extenuación se vuelve angustia?
Cuando la casa está sola y fría y no hay tiempo más que para dormir (ni limpiarla ni ensuciarla), la extenuación se vuelve angustia.
Cuando la casa está sola y fría y no hay tiempo más que para dormir (ni limpiarla ni ensuciarla), la extenuación se vuelve angustia.
jueves, 13 de mayo de 2010
Sueños
Sueño que corrés entre serpientes
no te muerden, te miran pasar
atónitas por tu indiferencia
por tu manera de correr como si nada te afectara
y seguís ahí con tus zancadas de cornisa
jugando a que no existe el vértigo
no existe el veneno
corrés y reís como una sombra infantil
deshojando puerilidad
a los saltos entre serpientes
sin miedo
Invulnerable…
Entonces despierto
y te veo ahí
al final de mi cama
sobre una mesa
sos una foto.
Vuelvo a dormirme
sueño
juntos lanzamos palabras al vacío
palabras a perpetuidad
mensajes sin sentido que lo significan todo
blasfemias y galimatías
versos y retruécanos
sonetos
onomatopeyas
sonidos que arriesgan nuestras voces.
Estamos de la mano
siento tus dedos
sueño (lo sé) y siento tus dedos
están fríos.
Quiero despertar y verte
en carne y hueso
verte dormir mientras te miro
hipnotizado
tu cuerpo se mueve con tanta gracia cuando dormís
me acuerdo
¿te acordás?
Alguna vez soñé que me querías
y al abrir los ojos ahí estabas
me mirabas
y después desayunábamos…
Despierto otra vez
los ciclos del sueño son atroces
espero al alba
pienso en vos y en mis sueños.
Con el día llega el ajetreo
la distracción
y procuro cansarme
(subiendo y bajando escaleras procuro cansarme).
Tal vez al volver la noche
extenuado
pueda dormir sin más.
no te muerden, te miran pasar
atónitas por tu indiferencia
por tu manera de correr como si nada te afectara
y seguís ahí con tus zancadas de cornisa
jugando a que no existe el vértigo
no existe el veneno
corrés y reís como una sombra infantil
deshojando puerilidad
a los saltos entre serpientes
sin miedo
Invulnerable…
Entonces despierto
y te veo ahí
al final de mi cama
sobre una mesa
sos una foto.
Vuelvo a dormirme
sueño
juntos lanzamos palabras al vacío
palabras a perpetuidad
mensajes sin sentido que lo significan todo
blasfemias y galimatías
versos y retruécanos
sonetos
onomatopeyas
sonidos que arriesgan nuestras voces.
Estamos de la mano
siento tus dedos
sueño (lo sé) y siento tus dedos
están fríos.
Quiero despertar y verte
en carne y hueso
verte dormir mientras te miro
hipnotizado
tu cuerpo se mueve con tanta gracia cuando dormís
me acuerdo
¿te acordás?
Alguna vez soñé que me querías
y al abrir los ojos ahí estabas
me mirabas
y después desayunábamos…
Despierto otra vez
los ciclos del sueño son atroces
espero al alba
pienso en vos y en mis sueños.
Con el día llega el ajetreo
la distracción
y procuro cansarme
(subiendo y bajando escaleras procuro cansarme).
Tal vez al volver la noche
extenuado
pueda dormir sin más.
miércoles, 12 de mayo de 2010
En un bar
I
El fondo helado del vacío
en copa
de vidrio y de naranja
ya fajinada por labios
sudada tiembla
siguiendo el compás de la mesa trunca
que es su tierra firme
y a veces
sufre terremotos
levísimos y efímeros
que mueren
hacia arriba
cuando la superficie helada
uniforme
del estanque de mi copa
vibra
y susurra así
que no hay fondo
siempre y cuando
quede el hielo.
II
Luego está la chica
pañuelo violeta en la cabeza
seda
resaltador juvenil
de ida y vuelta
presuroso
sinónimo de “mirá”
“acá estuve”, “acá volvé”.
Medialuna en la derecha
luego en la boca
y ya no hay tal
media luna
bajo el techo toldo del bar
en que ella
de pollera a flores
estudia en fotocopias blanco y negro
que colorea de amarillo
y sumerge en humo
de cigarro
cigarrillo
en un velo
con punta de fuego
va cayendo lánguidamente
en el cementerio de cenizas
donde ella otra vez
deposita su don de usar y crear
con el café en la mesa
las uñas de azul
y cara
tan diáfana
tan nítida
a mí
sentado en la otra mesa.
El fondo helado del vacío
en copa
de vidrio y de naranja
ya fajinada por labios
sudada tiembla
siguiendo el compás de la mesa trunca
que es su tierra firme
y a veces
sufre terremotos
levísimos y efímeros
que mueren
hacia arriba
cuando la superficie helada
uniforme
del estanque de mi copa
vibra
y susurra así
que no hay fondo
siempre y cuando
quede el hielo.
II
Luego está la chica
pañuelo violeta en la cabeza
seda
resaltador juvenil
de ida y vuelta
presuroso
sinónimo de “mirá”
“acá estuve”, “acá volvé”.
Medialuna en la derecha
luego en la boca
y ya no hay tal
media luna
bajo el techo toldo del bar
en que ella
de pollera a flores
estudia en fotocopias blanco y negro
que colorea de amarillo
y sumerge en humo
de cigarro
cigarrillo
en un velo
con punta de fuego
va cayendo lánguidamente
en el cementerio de cenizas
donde ella otra vez
deposita su don de usar y crear
con el café en la mesa
las uñas de azul
y cara
tan diáfana
tan nítida
a mí
sentado en la otra mesa.
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