jueves, 7 de enero de 2010

Una fiesta llamada Sandro

Su muerte es una fiesta. O al menos debiera serlo, una celebración post mortem por el héroe pop que supimos tener. Su muerte es una fiesta, así como lo fue su vida. Incluso sus penas eran una fiesta. Verlo sufrir en el escenario con la cara húmeda confundida entre lágrimas y sudor era una fiesta. Bailaba, lloraba, actuaba, sentía… Fue de otra generación, no de la mía, pero se sucedió, rebalsó en años de gloria y llegó a sonar en mi walkman, en mi mp3 incluso y en el toca discos de mi abuela. O en el de otra abuela, o en el de una tía. Su vida fue una fiesta, un festival. Tu vida, desconocido Sandro. Tu vida, lejano Gitano. Tu vida, compañero de cumpleaños, compañero de mis veinticuatro 19 de agosto. ¿Cómo fue tú vida?, ¿qué es lo que no mostraste en el escenario? ¿Hay acaso alguna intimidad que tenga que importarme?... Fuiste grande, hasta yo lo sé, porque algunos son prodigios de felicidad. Porque algunos son luz vuelta cuerpo.
Y así te vas, en medio de la fiesta que bailamos todos. Tu fiesta, tu muerte, tu vida. Se te nota, Roberto Sánchez, fuiste de América. Y estarás en el aire, entre sus piedras, su arena o el viento que agita el mar. Vos lo dijiste: “No quiero que me lloren cuando me vaya a la eternidad, quiero que me recuerden como a la misma felicidad”… Amén.

1 comentario:

Beatriz dijo...

Bueno,muchos de la generación a la que perteneció Sandro, no lo escuchaban. Simplemente porque les gustaba otra música. Aunque un Tom Jones luego hizo en el escenario lo mismo que él.
Sandro supo rodearse de muy buenos músicos y fue un tipo muy inteligente para manejarse en la vida.Reconocimiento puro.
Y a los que les gustaba otra música igual conocian todas sus canciones. Esto ocurre con la popularidad que tiene que ver también con las cualidades personales, más allá de lo profesional.
Muy bueno tu texto, Alejandro. Sobre todo porque pertenecés a otra generación.
Saluditos