viernes, 20 de julio de 2007

Al negro canalla ese

Por hoy renuncio a las letras,… dejo de lado mi ambición literaria,… No puedo leer a nadie y todo me importa un carajo.
Es que no sé como expresar la enorme, o tal vez más grande, angustia que tengo adentro, si cada vez que pienso en el negro, simplemente me cago de risa.
A la larga, después de tanto admirar uno empieza a querer. Sin fundamentos creamos una intimidad inexistente y adoptamos una amistad que nos encantaría haber tenido.
Le hablo al negro y ¿con qué derecho lo tuteo? Le hablo a Fontanarrosa, a un ídolo, a un maestro, a un tipo de la puta madre, así, bien clarito, de la puta madre. Y a quién se le va a ocurrir decir que eso es una mala palabra, ¿qué tiene de mala, no negro? ¿Le pega a alguien la mala palabra? Yo voto hoy y aquí por la amnistía que algún día reclamaste.

¡La pucha che!, mirá que cosa rara eh, si ni te conocía negro pero a cada acto que ibas yo estaba allí, esperando tu comentario serio, estoico y delirante, ese que se estampaba contra las risas estruendosas de todo el mundo. Vos te callabas y todos sonreíamos, hablabas y ya nos dolían las costillas. Para colmo, en el regreso a casa después de cada charla uno se daba cuenta de que además estabas enseñando algo, como que Gardel se levantaba a las ocho de la noche y no obstante fue Gardel. ¿Para qué la doble escolaridad entonces?
Recuerdo también que vos te la buscaste, que todos te hablaran de futbol, que te gritaran canalla y te preguntaran como saldría el partido ese domingo. Pero claro, que mierda ibas a saber vos que eras solo un hincha. Pero vos te la buscaste negro, vos te la buscaste. Ser tan genial tiene su precio.
¿Dónde estará Mendieta?, ¿dónde Boggie y su locura?, ¿dónde los increíbles nombres de personajes que de solo nombrarlos causan gracia? Sara Susana Baez, poetiza. Si me habrás hecho reír, negro. Reír pero con pasta y calidad, con literatura de la buena y no como esa mierda de novela rococó del gran Gabo, ¿así era? “Puto el que lee”, palo y a la bolsa, eso es literatura.
Yo no sé si fue el mundo el equivocado, no sé si efectivamente los trenes les ganas a los autos y no terminé de entender cuál era el peor de tus defectos. Supongo que el marcharte tan temprano.
Hoy, y antes también, me doy cuenta de que en realidad lo que me pasa es que te quiero, así sin conocerte y con pudor al decirlo. Te quiero con solo haberte visto un par de veces.
Nos presentó mi abuela, me dio un libro tuyo y me dijo que era bueno. Yo te leí tímidamente, después intenté imitar tu estilo y empecé a seguirte a dónde fueras. Pero nada alcanza esta tarde para aliviar la calma insoportable que hay en la tierra después de que hayas vivido.
Nada somatiza que ya no me harás reír, pero tengo un consuelo escondido dado por mi juventud. Aún me queda tanto tuyo por recorrer, tanto en mis estanterías que no leí y tanta carcajada por escaparse.
Que cagada negro, esa puta enfermedad de mierda que te obliga a dejar de ser lo genial que eras para empezar a ser el gigante que ya sos.
Hoy dejo de lado todo negro, y te pido perdón por no saber como carajo expresar esto que siento.

Si estás ahí y me escuchás, desde tu nube de galanes donde ya te queda chico resolver los problemas del mundo entre cafés y donde las mujeres no son tan lindas como las de tu ciudad, te pido que me ayudes, que me tires una puntita de inspiración o que al menos me invites a Rosario a ver al club canalla para tirar desde la tribuna, entre tanto papelito, tus cuentos picados para que floten en el aire, como alguna vez te escuché decir, tal vez como sarcasmo, que tanto te alegraría.

1 comentario:

Diego Monrroy dijo...

Que lo tiró!!
Alejandro, disiento con vos: expresaste muy bien todo lo que el Negro te hizo vivir, lo que te hizo sentir.
Me conmovió el texto, víscera pura. Te dejo un gran abrazo.

PD: si el Negro lee tu texto se va a poner muy orgulloso